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Guillermo F. Apdepnur

El que gobierna roba siempre, supone mucha gente.- Tal parece que el karma argentino en la consideración social de la gestión pública, se mueve en el espectro negativo de los desvalores morales.-                                Cuando analizamos la gestión de un presidente un gobernador o un Intendente, generalmente pensamos que el elemento constitutivo permanente de una administración, es el robo de fondos públicos.- Una suerte de fatalismo ético nos determina como inexorable el comportamiento inmoral de la política y de la gestión gubernamental.- Un tips cultural adentrado muy hondamente entre los pliegues sociales.- JORGE EDUARDO SIMONETTI

La corrupción, se ve, arrasa con el ámbito público y el privado también. En este ataque de frente al desarrollo sostenible nadie parecería ser inocente, ni los mismos ciudadanos.

No es ninguna novedad que la corrupción en nuestro país es estructural, que el escepticismo respecto de poder disminuirla es grande y que la condena al delito casi no existe.

En un seminario desarrollados años atrás se trato sobre «El Impacto de la Corrupción en la Economía y las Empresas», el mismo fue organizado por la Cámara Argentina de Comercio, donde se exigió tolerancia cero hacia la corrupción.

Al ser consultado sobre el empleo en años anteriores un ex presidente del Banco Central dijo “. Se era buen tipo si se conseguía trabajo para gente no capacitada, era lo natural y aceptable”, afirmo .

Laura Alonso, titular de la OA, reforzó la idea : “Todos tenemos ganas de vivir del Estado; hay una matriz cultural que avala sacarle un contrato, una licencia, lo que se pueda”.

Los testimonios que describen este descontrol sobran, y en todos los escalafones. Concejales, Concejeros Escolares, Secretarios, Directores, Jefes de Áreas, y la lista es larga, para enumerar algunos de los cargos que muchos «Políticos» utilizan para su beneficio personal, en desmedro del bienestar de la población.

“La corrupción envenena la democracia y produce el descreimiento de la población”, opina el Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). explica que según un reciente estudio de campo hecho en 18 países de la región sobre la percepción que se tiene de la corrupción en América latina, los argentinos son quienes menos optimismo muestran en la posibilidad de erradica la corrupción de la política (un 10% por debajo del promedio regional que es del 50 por ciento).

“Roban, pero hacen” son palabras frecuentes entre los ciudadanos locales. “Mientras América latina no resuelva el financiamiento de la actividad partidaria y de las campañas, esta pelea no podrá ganarse”

“En la Argentina la corrupción no es un modus operandi exclusivo del gobierno; nuestra clase política es un emergente de nuestra sociedad y el rol privado no es entonces marginal”.

La corrupción permite que se instale el narcotráfico, que no sólo compra voluntades, como puede ser la de un niño para que actúe de dealer, sino que por su lógica imperialista impone sus propias condiciones. El lavado de dinero que trae aparejado busca simular licitud, pero afianza la economía del delito.

El periodismo, otro brazo clave en la lucha contra la corrupción, también tiene su cuota de responsabilidad. “Falta profesionalismo, no se chequean las fuentes, se reproducen informaciones falaces y, además, el periodismo de investigación es mínimo porque la mayoría se dedica al chusmerío”

Para empezar, la OCDE declara como fundamental la ley de responsabilidad penal de las personas jurídicas, que todavía no se trató en el Congreso.