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Desde la consolidación de la influencia iraní en Irak hasta la guerra contra “Estado Islámico” en Siria, el general Qasem Soleimani fue una figura clave para las aspiraciones iraníes en la región.

El general iraní Qasem Soleimani, considerado uno de los comandantes más implacables y poderosos de Irán, fue asesinado este viernes (3.01.2020) en un ataque aéreo selectivo estadounidense cerca del aeropuerto internacional de Bagdad.

Dirigió la Fuerza Quds de élite de la Guardia Revolucionaria Iraní (GRI), que sirvió como unidad especial de operaciones extranjeras de la República Islámica. A pesar de su rol influyente, mantuvo un perfil bastante bajo durante la mayor parte de su vida, antes de la década de 2010.

“Soleimani es el agente más poderoso en el Medio Oriente hoy en día, y nadie ha oído hablar de él”, dijo un exoficial de la CIA en Irak a la revista The New Yorker en 2013.

El ascenso de Soleimani

Soleimani se unió a la Guardia Revolucionaria en 1979, cuando el ayatolá Ruhollah Jomeini regresó a Irán y desencadenó la caída del shah Mohamed Reza Pahlevi, en lo que se conocería como la Revolución Islámica.

Logró sobrevivir a la brutal guerra entre Irán e Irak durante la década de 1980 para, finalmente, tomar el control de la Fuerza Quds de élite de la Guardia Revolucionaria en la década de 1990. Sin embargo, no alcanzó notoriedad pública hasta la invasión de Irak, liderada por Estados Unidos en 2003.

Al general iraní se le atribuye la supervisión de las tácticas de Hezbolá durante la guerra de 2006 con Israel, así como el logro de un acuerdo de alto el fuego entre el grupo de milicias chiítas Ejército de al-Mahdi y el Ejército iraquí, en 2008.

Funcionarios estadounidenses lo han descrito como un líder fundamental de las ambiciones iraníes en la región. Según el exdirector general de la CIA David Petreaus, Soleimani le dijo una vez: “General Petreaus, debe saber que yo, Qasem Soleimani, controlo la política de Irán con respecto a Irak, Líbano, Gaza y Afganistán”.

Figura influyente

Se considera que Soleimani era la figura central para asegurar la posición de Irán en toda la región. Se las arregló para consolidar la influencia iraní en Irak al proporcionar apoyo material y financiero a las milicias chiítas, que finalmente se unificaron como las Unidades de Movilización Popular.

En Siria, sus fuerzas apoyaron a los combatientes del régimen, que lucharon con éxito en territorio rebelde y desarraigaron a grupos militantes islamistas sunitas, incluida la organización terrorista Dáesh, autodenominada “Estado Islámico”.

“Su estrategia se basó en la idea de defensa de avance, centrada en alejar de la frontera iraní todo lo que era percibido como amenaza”, dijo a DW Sanam Vakil, subdirector del programa de Medio Oriente y África del Norte de Chatham House. “Construyó fuertes lazos con Hezbolá en Líbano y con grupos de milicias en Irak”.

“Esta estrategia amplió la influencia de Irán de una manera no tradicional y desestabilizadora en toda la región, pero protegió a Irán y le dio influencia a Teherán en algunos países”.

Fuente DW

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