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El 19 de Noviembre se llevó a cabo una convocatoria para visualizar, concientizar y prevenir, el abuso y maltrato infantil.

línea de Abuso Sexual contra la Infancia (0800-222-1717)

En Argentina uno de cada cinco niños o niñas sufre abuso, de mil casos sólo un abusador sexual es condenado con sentencia firme y el 85% de los abusos son intrafamiliares.

Las estadísticas que están basadas en denuncias son alarmantes, sobre todo si se tiene en cuenta la cantidad de hechos que no llegan a la justicia. Por esta razón en el marco del Día Mundial Para la Prevención del Abuso Sexual en las Infancias, por sexto año consecutivo, el programa “Yo Sí Te Creo” organizó un encuentro para visibilizar, concientizar y prevenir esta problemática social.

Las denuncias a la línea de Abuso Sexual contra la Infancia (0800-222-1717) aumentaron un 53,07% entre enero y septiembre respecto a igual periodo de 2018 lo que, informaron desde el Programa Víctimas Contra las Violencias en las vísperas del Día Mundial para la Prevención del Abuso Sexual contra la Infancia (ASI), que se recordará el 19 de noviembre.

Entre enero y septiembre de 2019 el Programa, que pertenece al Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, recibió 3.383 denuncias en tanto que en igual periodo de 2018 había recibido 2.210, lo que representa un incremento del 53,07%.

La difusión posterior de las líneas telefónicas de ayuda en los medios comunicación”, analizaron desde el Programa e informaron que desde el inicio de la campaña “Hablar es empezar a prevenir” (noviembre de 2016) hasta septiembre de este año se atendieron 9.591 casos de abuso sexual de todo el país, que representan 9.990 víctimas.

El 62% de las víctimas (6.200) fueron niñas, niños o adolescentes, el resto fueron adultos que se contactaron por hechos sucedidos en su infancia o actuales.

Siete de cada 10 víctimas menores de 18 años fueron niñas y el 50% de ellas menores de 11 años; como en casi todas las pocas estadísticas que existen, siete de cada 10 agresores son personas del ámbito familiar y de éstas el 34% son padres (20%) o padrastros (14%).

Si bien la cámara gessell, impulsada por el juez Carlos Rosanski, que comenzó a implementarse en las declaraciones de los menores no hace mucho tiempo mejoró algunos procedimientos, aún no es suficiente “ni para el sistema judicial ni para las víctimas”.

“Antes los chicos tenían que hacer una declaración sobre lo que les había pasado y mejoró desde que se empezó a implementar la cámara, pero son los casos mínimos los que pueden expresar con palabras lo que les pasó”, aseguró Andrea Mila, sobreviviente, feminista, activista e integrante de la Campaña Contra la Prescripción de los Delitos de Violencia Sexual.

Si bien se espera que en la cámara gessell los niños y niñas digan verbalmente lo que atravesaron, se deja fuera del proceso la expresión con el cuerpo o el juego de los chicos. “Aunque se haya avanzado, se sigue dejando de lado todo lo que es la expresión de los chicos a través del juego o del dibujo, los adultos están como esperando que los chicos digan verbalmente lo que les pasó cuando no se puede porque hay todo un mecanismo que no permite verbalizarlo”, aseguró Mila.

“Cuando pude empezar a recordar lo que me pasó y empezar a hacer algo frente a mi historia, sentí un deseo de poder cambiar las infancias, de poder proporcionar infancias más libres y más sanas. Si bien yo hice la denuncia siendo adulta, el sistema también fue muy revictimizante. Cada vez que uno se tiene que enfrentar al aparato judicial, hay que tener mucha fuerza porque hay que saber que todo eso va a ser muy violento”, aseguró Mila. “Nos ponen a nosotros en un estado de desigualdad donde tenemos que comprobar lo que nos pasó cuando la mayoría de las veces para que llamen a indagatoria al abusador hay que estar muy atrás de la causa y pidiendo por todos los medios que la justicia los llame”, advirtió la integrante del colectivo..

“Intentamos enfocarnos desde el arte, tomar acciones desde ese lugar. Hay un sector específico para niñeces donde hay actividades para la prevención abordados desde la Educación Sexual Integral (ESI) donde se trabaja para empoderar esas voces y puedan tener herramientas”; explicó Mila sobre el trabajo que realiza.

Para ella es un trabajo dual, abordado tanto con niños como los con adultos, ya que en estos casos es muy importante que el adulto esté preparado para la escucha y recibir lo que el niño le quiera contar. “Y trabajar desde el ‘No’. En las infancias por lo general no existe esa posibilidad y hay que trabajar desde ahí para que puedan decir lo que no les gusta y que entiendan que sus cuerpos son de ellos y que pueden decir”, explicó.

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